“Alrededor nuestro sonaba el concierto incesante de los pájaros, libres como el aire que cortan con sus gozosas alas. En aquel instante parecía como si cada florecilla, cada brizna de hierba, destilando su perfume de ofrenda, dijera al Creador: «¡Padre! ¡Soy bienaventurada y feliz!»”
Así se expresa F. M. Dostoievsky en “El pequeño héroe”, memorias de su primer enamoramiento que escribió cuando estaba encerrado en la prisión de la Fortaleza Petropavlovskiana, en junio de 1894. Todo es dulce, alegre y bello en esta narración escrita en tan amargas circunstancias.
Una visión poética de la Creación que Gaudí -poeta enamorado- compartía.
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