Barcelona se abre tradicionalmente por la Merced, (el 24 de septiembre), salvo algunos stajanovistas como el profesor Bassegoda, para quien las vacaciones parece que sean un prejuicio burgués.
Pero este año ha llegado antes Giselle. ¿Qué sentido tiene en nuestros días un ballet de estructura decimonónica y de gusto tan romántico? Ninguno, si no es que lo baila Tamara Rojo. Y así ha sido, perfecta en la forma y espléndidamente acompañada por José Manuel Carreño.
Tamaro-Giselle, con su locura y su humanidad, ha abierto Barcelona. Este año empieza con el amor que traspasa la frontera de la muerte, con Giselle.
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