| El Abbé Pierre ha muerto. A los 94 años, después de una vida dedicada a los pobres excluidos del sistema, que los hay en Francia como en todo el mundo. El 1 de febrero de 1954, clamó por Radio a Luxemburgo: "¡Amigos míos, socorro! Una mujer acaba de morir congelada esta noche a las tres de la madrugada en la acera del bulevar Sebastopol..." Y así es como, gracias al medios de comunicación, este sacerdote católico, de poca salud pero mucha vitalidad, se ha ido convirtiendo en la conciencia de los europeos acomodados hacia sus hermanos más pobres. "Francia -ha dicho Jacques Chirac- pierde una inmensa figura, una conciencia, una encarnación de la bondad". El Abbé Pierre era necesario, porque siempre es necesario sublevarse contra la miseria, el padecimiento y la injusticia de los pobres inocentes, que reclaman la solidaridad de los hombres humanizados. |