Llueve mansamente sobre los grandes cipreses. En este país mediterráneo, sediento, es la bendición del Creador sobre sus criaturas, que no deja de su mano.
Los cipreses, humildes y en fila, a ambos lados del camino, nos llevan, también con grna mansedumbre, hacia un espacio fuera del tiempo.
Hemos llegado a la puerta de la cartuja. Al atravesarla, el presente ha desaparecido; todo el tiempo es ahora. Y el espacio exterior ha desaparecido; todo el mundo está aquí, en este jardín claustral.
Seguimos en silencio al hermano Josep Maria por los pasadizos góticos hasta la sala capitular, donde empezará la liturgia, que seguirá en la capilla y en el coro.
En el "gran silencio" de ahora y de aquí resuenan como nunca las palabras de Jesucristo en la Santa Cena proclamadas desde el atril: "Yo soy el camino, la verdad y la vida".
Unas palabras divinas que llenan todo el gran silencio humano, que llenan el espacio y llenan el tiempo, que llenan todo el mundo y llenan todo el tiempo. Así pues, ¿alguna cosa fuera de eso tiene importancia? ¿Alguna cosa fuera de eso es interesante? ¿Es que hace falta alguna otra cosa?
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