Verdi vuelve al Liceu. Y vuelve con una ópera curiosa dentro de su producción: Simon Boccanegra, hecha a la manera wagneriana y llena de arias, dúos y tríos bellísimos, así como de una orquestación magnífica.
Ahora bien, el conflicto amoroso es sólo el telón de fondo de la exposición de filosofía política sobre el buen gobierno de la república y del comportamiento del gobernante, a través de un pesadísimo melodrama de las peleas entre patricios y plebeyos en la Génova del siglo XIII, extraído de un mediocre escritor español del siglo XIX.
He aquí que Boccanegra, Dux de Génova por aclamación popular, sacrifica sus intereses personales, incluso los más legítimos, a los del buen gobierno de la república. Y, coherentemente, su gobierno tolerante tiene como objetivo el bien supremo de la patria: la paz con los vecinos y la concordia entre los ciudadanos. En los momentos supremos y decisivos, pues, se sacrifica él para el país, actúa por interés general por encima del de partido, y da prioridad al amor sobre la justicia y, por tanto, el perdón sobre el castigo.
Unas enseñanzas sobre el verdadero patriotismo que son muy actuales ahora que la revolución neocon ha llegado a su final.
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