Ha sido la botella de plástico blanco de la leche, o la caja de cartón de los cereales. Lo ha soltado mientras se hacía el café en polvo: añora el pueblo de los abuelos, donde pasó su infancia para evitar el hambre de la posguerra. Se recoge en una colina presidido por la iglesia, rodeado de un valle redondo donde se produce de todo, de regadío, más allá del cual se extiende el bosque, que sube hasta las cumbres de la sierra de Prades.
La abuela pedía: "Quimet, ¿verdad que traerás un conejo o una perdiz?" Y Quimet cogía la escopeta y volvía con una pieza, o con setas, con castañas, con lo que fuera necesario.
-La despensa-ha analizado la memoria el nieto del Quimet, desayunando en su apartamento del quinto piso de la zona alta de Barcelona- estaba fuera. Todo era bueno: estaba allí para que comiéramos.
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