La basílica de la Sagrada Família era en la tarde del sábado 18 de diciembre un maravilloso juego de luz, reflejo o participación de la luz divina que según el vidente del Apocalipsis ilumina eternamente la Jersualen Celestial; que es lo que Gaudí quiso plasmar con piedras. Con piedras, pero sobre todo con luz, de la que el sabio arquitecto decía que era la materia de la arquitectura: "La arquitectura, primera de las artes plásticas, es la ordenación de la luz". El cardenal Martínez Sistach presidía la misa de acción de gracias por la estancia del Papa en Barcelona el pasado 7 de noviembre, para dedicar al culto la basílica y visitar la obra social del Nen Déu.
Y el cardenal Martínez Sistach ha subrayado en la homilía que la dedicación de la basílica "en una época en que el hombre pretende edificar su vida de espaldas a Dios, como si ya no tuviera nada a decirle, resulta un hecho de gran significado y de mucha actualidad".
A lo largo de la celebración, la luz -la primera cosa creada según el Génesis, y con la que Jesucristo se identifica en el Evangelio- entraba deslizándose por los doscientos ochenta y cuatro hiperboloides y aperturas de otros tipos de las paredes y lasbóvedas, bañando en el orden creado por Gaudí a los celebrantes y a los miles de fieles que abarrotaban el interior. Otros miles de fieles, tras guardar una larga cola, se han quedado en las tinieblas exteriores cuando se han cerrado las puertas.
El pueblo cristiano ama la basílica de Gaudí y quiere participar en las liturgias solemnes para las que el artista místico la diseñó. Él lo hizo gratis, renunciando a sus honorarios y, es más, saliendo a mendigar limosnas para edificar la "Catedral de los Pobres". El pueblo cristiano hace cola para alabar a Dios en la Catedral de los Pobres, pero se le cierran las puertas.
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