Miles de jóvenes de los cinco continentes que participarán en la Jornada Mundial de la Juventud peregrinan a la tumba de Antoni Gaudí.
En su viaje hacia Madrid, para participar en la JMJ, se detienen en Barcelona para visitar la Cripta de la Sagrada Família, donde reposan los restos del genial arquitecto. Gracias a las elogiosas palabras sobre la obra, la vida ejemplar y la santidad de Antoni Gaudí de Benedicto XVI hace menos de un año en la dedicación al culto de la basílica de la Sagrada Família, la devoción privada a Antoni Gaudí se ha consolidado como una de las devociones globales de la juventud católica.
Cientos de grupos de jóvenes se detienen en Barcelona para celebrar junto a su tumba la eucaristía u otras liturgias. Para los turistas que abarrotan la basílica, cerrada al culto en estos días de temporada alta, es una sorpresa verlos rezar devotamente a través de los ventanales con que Gaudí conectó visualmente la Cripta –donde radica la parroquia- con la basílica superior y la luz natural que la baña entrando por los hiperboloides, en una metáfora del Purgatorio.
En efecto, no se trata de indígenas catalanes que celebran su rito religioso, del que pueden disfrutar losturistas como de los ritos aztecas en las pirámides mejicanas, los ritos mágicos en las tribus africanas, el vudú en Jamaica o una sesión de góspel en una iglesia evangélica de Harlem; sino de jóvenes de su misma etnia y cultura –austriacos, japoneses, chinos, yankees, latinoamericanos, franceses, italianos, filipinos, etc.-, quizás de sus mismas ciudades, que rezan y cantan himnos en sus respectivas lenguas y se acercan a la tumba de Gaudí para orar ante ella. Todo ello sucediéndose ininterrumpidamente. Muchos turistas se agolpan en los ventanales de la Cripta para verla abarrotada de devotos de Gaudí y de la Sagrada Familia.
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