El Ministerio de Fomento ha anunciado una modificación del proyecto del paso del AVE por el Eixample (por la calle València) que habían pactado el Ayuntamiento, la Generalitat y el Gobierno español. Había sido como una especie de «milagro» del futuro santo Gaudí haber puesto de acuerdo las tres administraciones —Tripartita (Clos), Convergente (Pujol) y Popular (Aznar)— para alejar el trazado de la Sagrada Família. Ahora, el túnel pasará por la calle Mallorca.
Venimos de un AVE Madrid-Lleida que no puede viajar a velocidad normal por falta de seguridad, de un andén del apeadero del paseo de Gràcia que ha quedado medio metro por debajo de la puerta de los trenes y de un túnel del Carmel que ha hundido varias casas. Esto ha generado en la población una lógica desconfianza, un miedo comprensible al futuro túnel del AVE por el Eixample.
Pero viendo los metros que cruzan París o Londres a diferentes niveles, el túnel del canal de la Mancha o que se acaba de tunelar Madrid de extremo a extremo, la desconfianza de la población se tendría que dirigir hacia sus gobernantes, y en ningún caso a los ingenieros y a la Técnica, que desde hace años ha resuelto cómo pasar un tren por debajo de una ciudad densamente edificada con plenas garantías.
Es decir: si no se repiten las corrupciones que ha sufrido el AVE Madrid-Lleida, si no se hacen las barbaridades del Carmel; si realmente se gastan en la obra los dineros presupuestados y todo se realiza bajo control de garantía de ejecución, el AVE no supone ningún peligro para las casas del Eixample.
¿Y para la Pedrera? Pues la Pedrera pesa mucho más que cualquier casa del Eixample, y por lo tanto habrá que reforzar el túnel en aquel tramo.
¿Y con la Sagrada Familia? Pues la Sagrada Familia es una mole de piedra gigantesca. Quizás llegue a pesar 150.000 toneladas cuando esté acabada. Y es muy esbelta: sus dieciocho torres tienen una altura promedio de 100 metros, más de cuatro veces los 24 metros de las casas del Eixample.
Lógicamente, la parte construida personalmente por Gaudí —la cripta, el ábside y la fachada del Nacimiento— no sufrirán, ya que Gaudí hizo sus cimientos consciente de que legaba a la capital de Catalunya «el Templo más elegante de la Cristiandad», destinado a durar indefinidamente, muchos siglos, como una catedral medieval, capaz de soportar terremotos, guerras, inundaciones, cambios climáticos, etc.
El túnel pasaría junto a la fachada de la Gloria, actualmente en construcción y que sería la parte más afectada.
Sus cimientos llegan a 15 metros, por encima del nivel freático (es decir, del nivel del agua). El túnel proyectado pasaría a 30 metros, con una pantalla de pilotes de hormigón hasta 45 metros.
Si las obras se hacen con cuidado, poco a poco, sin desviar ni ahorrar presupuestos y, sobre todo, con un control técnico exhaustivo y transparente, no tiene porqué haber ningún riesgo.
Pero, ¿y después de las obras? Después de las obras, el paso de los trenes producirá unas vibraciones mayores que las causadas por los metros, los camiones de obras o los autobuses de turistas que cada día rodean a la Sagrada Familia. Nadie sabe qué efecto puede tener esto en un período superior a un siglo: si, por ejemplo, acabará modificándose el terreno geológico sobre el que se asientan los cimientos del Templo y, por esta causa, el edificio se agrietará o se degradará en diez siglos en vez de en quince. Es un riesgo latente que se puede minorar introduciendo fuertes medidas de elasticidad en el túnel. |