Consol Puig i Querol

La gran oferta de trabajo de la Exposición Universal de 1888 determinó que el joven Puig emigrara desde su pueblo de Forcall (Els Ports, País Valencià, diócesis de Tortosa) a Barcelona para trabajar en la construcción. No sabemos cuando se incorporó a las obras de la Sagrada Família, pero sí que se ganó la confianza de Antoni Gaudí, quien tenía una gran exigencia profesional con todos sus colaboradores. A finales de 1893 o en 1894, Puig llamó a su hermano menor Joan y a su esposa Bàrbara Querol para que hicieran de guardas de las obras del Templo. Se instalaron con sus hijas Antònia, nacida en Forcall y Dominga, nacida ya en Barcelona, en el piso bajo de la casita que Gaudí había construido en el chaflán de las futuras calles de Provença y de Sardenya, cuyo piso alto era el obrador del arquitecto. La tercera hija nació el 9 de abril de 1896, accidentalmente en Forcall, donde sus padres estaban por motivos familiares. La bautizaron en la parroquia de l’Assumpció el día 10 de abril de 1896, con el nombre de Maria de la Consolació, la patrona del pueblo. Para Antoni Gaudí, sería como una ahijada: Consol era la primera persona y única niña que había nacido en la Sagrada Família y la vería crecer en el piso de debajo de su obrador y jugar entre las piedras de las obras. Cuando Consol tenía 9 años, en 1905, el Obispo de Barcelona, el cardenal Casañas, quiso establecer en la Cripta un beneficio para un capellán, que tendría el carácter de capellán-custodio del Templo, al objeto de que el culto ocasional que había en la capilla de san José, en la Cripta, pasara a ser permanente. Se ocupó de ello mosén Gil Parés, recién ordenado sacerdote. Don Anton proyectó y comenzó a construir de inmediato una casa para el capellán custodio, que se acabó a principios de 1906. De momento, el flamante mosén Gil ocupó con su madre y su hermana pequeña la vivienda de los guardas, bajo el obrador del arquitecto. Los Puig i Querol, que habían prosperado desde que habían llegado como inmigrantes, dejaron su puesto de porteros de las obras y se trasladaron a un piso cercano, de los primeros que se edificaban en la calle de Sardenya, entre València y Mallorca. Eran una familia numerosa: Tras Antònia, Dominga y Consol, habían tenido a Joan, a Maria, a Antoni, en 1904, y a Enric, los cuatro nacidos en Barcelona. De los tres varones, dos serían sacerdotes, Antoni en Barcelona y el otro en un sitio actualmente desconocido, quizá en misiones. Eran gente sencilla, que después de la jornada laboral se dedicaban en el hogar familiar a fabricar alpargatas. El padre, Joan, continuó trabajando en la Sagrada Família. Además, era “portant del Sant Crist” de la Cripta, que preside la capilla funeraria de la familia Bocabella y que era conocido popularmente como “d’en Llimona”, por ser obra de este famoso escultor. Pasada la Setmana Tràgica (julio de 1909), la construcción de las Escuelas Provisionales de la Sagrada Família despertó en Consol y en una hermana de mosén Gil, Maria Lluïsa Parés, la vocación por la enseñanza. Mosén Gil Parés pagó los estudios de Magisterio de ambas. Poco después, en 1910, Consol, de catorce años, recibió la Primera Comunión en la Cripta. Don Anton, que tenía cariño a la familia Puig i Querol, y singularmente a Consol, asistió a la celebración. El arquitecto le regaló una medalla de oro en forma de hoja acorazonada, probablemente diseñada por él mismo, con las iniciales C. P. y la representación de un cáliz con la Sagrada Forma rodeada de espigas de trigo y racimos de uvas. Recuerda las joyas de Masriera i Carreras, donde era dibujante desde 1907 Jaume Llongueras, formado en el obrador de Gaudí en 1907-1908 con los diseños de las vidrieras de la Seo de Mallorca. Es el único caso constatado de regalo de una joya por Gaudí a una mujer. Mientras estudiaba, Consol trabajó de parvulista. Al obtener el título de maestra, hizo oposiciones y las ganó con el número 1. La destinaron a Castilla la Vieja y, para evitar ir allí, se matriculó en la escuela de Bibliotecarias y siguió trabajando con los párvulos. Obtuvo su segundo título y volvió a opositar, sacando otra vez el número 1. La destinaron a Sallent, hacia 1926-1927. Al cabo de dos años fue trasladada a la Biblioteca de Canet de Mar (en el paseo de la Misericòrdia). En 1930, Consol regresó a Barcelona y a la docencia en las Escuelas. Vivía en un piso en la calle Mallorca, n. 325, 3.º, 1.ª con su sobrina Montserrat Allepús i Puig, hija de su hermana Antònia. Cuando Montserrat hizo la Primera Comunión, su tía le regaló la medalla de Gaudí, como su más preciada joya. En noviembre de 1930, mosén Gil Parés tuvo que abandonar la Sagrada Família, al ser desposeído de todos sus cargos por monseñor Irurita, nombrado Obispo de Barcelona para complacer al dictador Primo de Rivera. Mosén Gil se fue a vivir a casa de su hermana, en el barrio de las Tres Torres, pero al cabo de poco regresó al barrio de la Sagrada Família y fue acogido por Consol en su casa. Le fueron dados algunos libros de la biblioteca de Gaudí y el escritorio del arquitecto, mueble diseñado por él mismo en los inicios de su carrera profesional y que por su tamaño y pesadez tuvo que ser entrado en el piso de Consol por la ventana izado con unos polipastos. Mosén Gil Parés escrituró a nombre de Consol una casa en Torredembarra, que compró a una feligresa de la Cripta, Rosalia Ravell. El 14 de abril de 1931, cayó la Monarquía y advino la Segunda Republica Española. El nuevo régimen cambió la legislación educativa del Estado, en un sentido contrario a las órdenes religiosas. La perseguida con más encono fue la Compañía de Jesús, que fue expulsada en noviembre de 1931. Las Escuelas de la Sagrada Família sufrieron las consecuencias. Los profesores de sus 150 alumnos eran, además de mosén Gil, dos jesuitas. Consol, saliendo de la comodidad y jugándose el futuro de su carrera profesional, hizo lo que pensaba que la Iglesia necesitaba de ella, que tenía el título oficial de maestra: opositar a directora de las Escuelas. Muy probablemente, no desplazó a ningún otro opositor, ya que había pocos seglares con el título oficial para cubrir los puestos que dejaban los religiosos y que se ofrecieran a dar la cara por una escuela católica. Gracias a Consol, las Escuelas de la Sagrada Família pudieron seguir abiertas. El 19 de julio de 1936, tras la sublevación militar del general Franco y en el inicio de la Guerra Civil, se desató en Catalunya la más cruel persecución religiosa contra los católicos de la historia del país. Los anarquistas, organizados en comités y patrullas, buscaban y asesinaban a los sacerdotes católicos y a las personas que los refugiaban o ayudaban a esconderse. La Sagrada Família fue incendiada. Y también las Escuelas y el obrador de Gaudí, con todos los planos y maquetas, para que nunca se pudiera continuar el Templo. El local del Patronat Obrer de la Sagrada Família fue requisado por las Juventudes Libertarias. El domingo 26 de julio a las 9 h. de la noche, se presentó en casa de Consol una patrulla de las Juventudes Libertarias. Abrió Montserrat y la encañonaron preguntando por el cura “fascista”. Buscaban a “un cura llamado Parés que ha sido denunciado”. Registraron toda la casa y no lo encontraron. Poco después, llegó mosén Parés. Los vecinos de rellano, la familia Coll i Busquets, le ofrecieron su piso para que pasara la noche, por si acaso volvían. El portero, que había visto llegar a mosén Parés, lo denunció: “el fascista está en casa”; y a las 10 h. se volvió a presentar la patrulla. Al oír las blasfemias, los forcejeos y las amenazas, mosén Gil decidió entregarse voluntariamente a sus asesinos, con el deseo de evitar más muertes que la suya. Abrió la puerta y rogó a sus verdugos que le dejaran acabar sus oraciones. Luego, alzó la pálida frente sudorosa y lanzando una mirada llena de amargura a Consol y a su sobrina Montserrat, de 16 años, y al matrimonio Coll i Busquets y a su hijo Jordi, de 9 años y poliomielítico, exclamó: “Ya no hay nada que hacer. Adiós, hermanos, hasta el cielo”. Los Jóvenes Libertarios saquearon los dos pisos. Todo su contenido fue arrojado a la calle y quemado allí mismo, incluyendo el pesado escritorio y los libros de Gaudí. Y precintaron ambas viviendas. Se llevaron a mosén Gil, por ser sacerdote; a Consol Puig, por haber dicho que el cura ya no vendría a casa aquella noche; y a Clodomir Coll, por haberle acogido en su casa. La esposa del Sr. Clodomir y la sobrina de Consol intentaron seguir a los anarquistas, pero fueron rechazadas."No queremos niñas", gritaron a aquella niña de trenzas y calcetines. La patrulla se dirigió a la “Torre dels Pardals” y a la cantera del Guinardó, donde asesinaron a los tres por la nuca, con balas explosivas para desfigurarlos. El cadáver de Consol entró en el depósito judicial del Hospital Clínic a las 8 h. del 27 de julio de 1936, con la ficha 3993. La familia estaba dispersa por la persecución religiosa y sólo al cabo de unos días, Alfred Peña, cuñado de Consol, esposo de su hermana Maria, acudió al Hospital Clínic para identificar el cadáver. Ya había sido enterrado, el 31 de julio, en la fosa común del cementerio de Montjuïc. Le entregaron una fotografía, con la cara horriblemente desfigurada, y firmó el reconocimiento. Mosén Antoni Puig logró sobrevivir y en 1946 era coadjutor de la basílica de Santa Maria del Mar. El Cristo “d’en Llimona” hizo lo mismo: ¡esconderse! para salvarse de la destrucción. Los anarquistas saquearon la tumba de la familia Bocabella, dejando dentro y fuera del sepulcro sus restos, que vinieron a recoger sus descendientes. La tumba quedó abierta y el Santo Cristo, resentida la pared por el incendio, se desprendió, cayó dentro y quedó cubierto por los cascotes que se periclitaron del techo, hasta el final de la persecución religiosa.

Josep Maria Tarragona, 14-X-2011
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Última actualización: 06/05/2016